lunes, 15 de diciembre de 2014

"SOLEDAD Y DESOLACIÓN". // De Marcela Lagarde y de los Ríos.

La soledad es la emancipación necesaria.

Nos han enseñado a tener miedo a la libertad; miedo a tomar decisiones, miedo a la soledad. El miedo a la soledad es un gran impedimento en la construcción de la autonomía, porque desde muy pequeñas y toda la vida se nos ha formado en el sentimiento de orfandad; porque se nos ha hecho profundamente dependientes de los demás y se nos ha hecho sentir que la soledad es negativa, alrededor de la cual hay toda clase de mitos.

Esta construcción se refuerza con expresiones como las siguientes ¿te vas a quedar solita?, ¿ Por qué tan solitas muchachas?- hasta cuando vamos muchas mujeres juntas-. La construcción de la relación entre los géneros tiene muchas implicaciones y una de ellas es que las mujeres no estamos hechas para estar solas de los hombres, sino que el sosiego de las mujeres depende de la presencia de los hombres, aún cuando sea como recuerdo.

Esa capacidad construida en las mujeres de crearnos fetiches, guardando recuerdos materiales de los hombres para no sentirnos solas, es parte de lo que tiene que desmontarse. Una clave para hacer este proceso es diferenciar entre soledad y desolación. Estar desoladas es el resultado de sentir una pérdida irreparable. Y en el caso de muchas mujeres, la desolación sobreviene cada vez que nos quedamos solas, cuando alguien no llegó, o cuando llegó más tarde. Podemos sentir la desolación a cada instante.

Otro componente de la desolación y que es parte de la cultura de género de las mujeres es la educación fantástica par la esperanza. A la desolación la acompaña la esperanza: la esperanza de encontrar a alguien que nos quite el sentimiento de desolación. La soledad puede definirse como el tiempo, el espacio, el estado donde no hay otros que actúan como intermediarios con nosotras mismas. La soledad es un espacio necesario para ejercer los derechos autónomos de la persona y para tener experiencias en las que no participan de manera directa otras personas.

Para enfrentar el miedo a la soledad tenemos que reparar la desolación en las mujeres y la única reparación posible es poner nuestro yo en el centro y convertir la soledad en un estado de bienestar de la persona. Para construir la autonomía necesitamos soledad y requerimos eliminar en la práctica concreta, los múltiples mecanismos que tenemos las mujeres para no estar solas. Demanda mucha disciplina no salir corriendo a ver a la amiga en el momento que nos quedamos solas.

La necesidad de contacto personal en estado de dependencia vital es una necesidad de apego. En el caso de las mujeres, para establecer una conexión de fusión con los otros, necesitamos entrar en contacto real, material, simbólico, visual, auditivo o de cualquier otro tipo. La autonomía pasa por cortar esos cordones umbilicales y para lograrlo se requiere desarrollar la disciplina de no levantar el teléfono cuando se tiene angustia, miedo o una gran alegría porque no se sabe qué hacer con esos sentimientos, porque nos han enseñado que vivir la alegría es contársela a alguien, antes que gozarla. Para las mujeres, el placer existe sólo cuando es compartido porque el yo no legitima la experiencia; porque el yo no existe.

Es por todo esto que necesitamos hacer un conjunto de cambios prácticos en la vida cotidiana. Construimos autonomía cuando dejamos de mantener vínculos de fusión con los otros; cuando la soledad es ese espacio donde pueden pasarnos cosas tan interesantes que nos ponen a pensar. Pensar en soledad es una actividad intelectual distinta que pensar frente a otros.

Uno de los procesos más interesantes del pensamiento es hacer conexiones; conectar lo fragmentario y esto no es posible hacerlo si no es en soledad. Otra cosa que se hace en soledad y que funda la modernidad, es dudar. Cuando pensamos frente a los otros el pensamiento está comprometido con la defensa de nuestras ideas, cuando lo hacemos en soledad, podemos dudar. Si no dudamos no podemos ser autónomas porque lo que tenemos es pensamiento dogmático.

Para ser autónomas necesitamos desarrollar pensamiento crítico, abierto, flexible, en movimiento, que no aspira a construir verdades y esto significa hacer una revolución intelectual en las mujeres. No hay autonomía sin revolucionar la manera de pensar y el contenido de los pensamientos. Si nos quedamos solas únicamente para pensar en los otros, haremos lo que sabemos hacer muy bien: evocar, rememorar, entrar en estados de nostalgia.

El gran cineasta soviético Andrei Tarkovski, en su película “Nostalgia” habla del dolor de lo perdido, de lo pasado, aquello que ya no se tiene. Las mujeres somos expertas en nostalgia y como parte de la cultura romántica se vuelve un atributo del género de las mujeres. El recordar es una experiencia de la vida, el problema es cuando en soledad usamos ese espacio para traer a los otros a nuestro presente, a nuestro centro, nostálgicamente. Se trata entonces de hacer de la soledad un espacio de desarrollo del pensamiento propio, de la afectividad, del erotismo y sexualidad propias.

En la subjetividad de las mujeres, la omnipotencia, la impotencia y el miedo actúan como diques que impiden desarrollar la autonomía, subjetiva y prácticamente. La autonomía requiere convertir la soledad en un estado placentero, de goce, de creatividad, con posiblidad de pensamiento, de duda, de meditación, de reflexión. Se trata de hacer de la soledad un espacio donde es posible romper el diálogo subjetivo interior con los otros y en el que realizamos fantasías de autonomía, de protagonismo pero de una gran dependencia y donde se dice todo lo que no se hace en la realidad, porque es un diálogo discursivo.

Necesitamos romper ese diálogo interior porque se vuelve sustitutivo de la acción ; porque es una fuga donde no hay realización vicaria de la persona porque lo que hace en la fantasía no lo hace en la práctica, y la persona queda contenta pensando que ya resolvió todo, pero no tiene los recursos reales, ni los desarrolla para salir de la vida subjetiva intrapsíquica al mundo de las relaciones sociales, que es donde se vive la autonomía. Tenemos que deshacer el monólogo interior.

Tenemos que dejar de funcionar con fantasías del tipo: “le digo, me dice, le hago”. Se trata más bien de pensar “aquí estoy, qué pienso, qué quiero, hacia dónde, cómo, cuándo y por qué” que son preguntas vitales de la existencia. La soledad es un recurso metodológico imprescindible para construir la autonomía. Sin soledad no sólo nos quedaremos en la precocidad sino que no desarrollamos las habilidades del yo. La soledad puede ser vivida como metodología, como proceso de vida.

Tener momentos temporales de soledad en la vida cotidiana, momentos de aislamiento en relación con otras personas es fundamental. y se requiere disciplina para aislarse sistemáticamente en un proceso de búsqueda del estado de soledad. Mirada como un estado del ser – la soledad ontológica – la soledad es un hecho presente en nuestra vida desde que nacemos. En el hecho de nacer hay un proceso de autonomía que al mismo tiempo, de inmediato se constituye en un proceso de dependencia.

Es posible comprender entonces, que la construcción de género en la mujeres anula algo que al nacer es parte del proceso de vivir. Al crecer en dependencia, por ese proceso de orfandad que se construye en las mujeres, se nos crea una necesidad irremediable de apego a los otros. El trato social en la vida cotidiana de las mujeres está construido para impedir la soledad. El trato que ideológicamente se da a la soledad y la construcción de género anulan la experiencia positiva de la soledad como parte de la experiencia humana de las mujeres.

Convertirnos en sujetas significa asumir que de veras estamos solas: Solas en la vida, solas en la existencia. Y asumir esto significa dejar de exigir a los demás que sean nuestros acompañantes en la existencia; dejar de conminar a los demás para que estén y vivan con nosotras.

Una demanda típicamente femenina es que nos “acompañen” pero es un pedido de acompañamiento de alguien que es débil, infantil, carenciada, incapaz de asumir su soledad. En la construcción de la autonomía se trata de reconocer que estamos solas y de construir la separación y distancia entre el yo y los otros.

 Ni sumisa, ni devota: te quiero libre, linda y loca.

Marcela Lagarde y de los Ríos

lunes, 1 de diciembre de 2014

FRED & LORRAIN: EL AMOR HECHO CANCIÓN.

Fred Stobaugh y su esposa, Lorraine, duraron 75 años juntos. Se conocieron en 1938, cuando ella era mesera en un restaurante que llevaba los pedidos a los carros de los clientes. 

Tuvieron tres hijos y cuatro nietos. Pero en abril de 2013 su mujer murió y Fred se quedó solo. Una noche, mientras se hallaba en uno de los cuartos de su casa, en Peoria (Illinois), el anciano de 96 años comenzó a pensar en la letra de una canción. Entonces decidió tomar lápiz y papel y escribirla. La llamó "Dulce Lorraine".

Un mes después, el estudio local abrió un concurso de composición musical. Quienes quisieran participar debían subir un video a Youtube.com y luego enviar el link de su canción. Jacob Colgan, productor de Green Shoe, afirmó: “Creímos que era una buena forma de conectarnos con la comunidad y conocer qué tipo de música le gusta a la gente de este lugar. Pero no esperábamos un mensaje como el de Fred”.

Un día llegó al estudio de Colgan un enorme sobre de manila sellado cuyo remitente firmaba a mano. En una carta Fred explicaba que su esposa había fallecido un mes antes y había compuesto una canción para ella. En el sobre que envío, decía: “¿Yo? Yo no canto. Asustaría a la gente, jajaja.

En la carta, Fred explicaba cómo había conocido a Lorraine, cómo había compartido su vida con su mujer. En un pasaje escribió: “Ella me dio 75 años de su vida”. Esta es la letra de la canción.

Colgan se sintió conmovido por la letra, la pasión detrás de la letra, y la carta. El estudio se puso en contacto con el anciano, quien les advirtió que no tenía dinero para pagar la grabación. Cuando le explicaron que no tendría que pagar un centavo, Fred comenzó a llorar agradecido y dijo, emocionado:

Fueron unos maravillosos 75 años. A veces pienso que es irreal, como un sueño... Pero fue real, es todo lo que puedo decir.”


sábado, 15 de noviembre de 2014

ANGELO MERENDINO: HISTORIA DE AMOR Y TRAGEDIA.

Angelo Merendino es un fotógrafo estadounidense, de evidente origen italiano, cuya vida dio un giro radical a raíz de casarse con Jen (Jennifer), la mujer de la que se enamoró perdidamente en una fiesta en Cleveland, ciudad en la que residían. Empezaron a salir y, tras mudarse ambos a Nueva York, ciudad donde Jen había sido trasladada en su trabajo, la pareja decidió casarse. Como marco de este evento eligieron Central Park. La historia de amor de estas dos personas parecía estar sacada de un cuento de hadas. La vida les sonreía. Todo era perfecto. Nada les salía mal. Nada, hasta que, pasados cinco meses desde la boda, a Jen le detectaron varios tumores malignos en el pecho. La noticia, lejos de amedrentarles, provocó que se unieran más aún. Decidieron afrontar el proceso, el duro e interminable proceso de tratamiento, los dos juntos, sin fisuras, apoyándose el uno al otro. Se dijeron que lo mejor que les podía haber pasado era tenerse el uno al otro y que gracias a ello lucharían porque Jen saliera de este maldito trance en que siempre se convierte un cáncer. Fue en ese momento cuando Angelo se propuso expresar lo que se siente cuando uno ha de enfrentarse a esta durísima enfermedad. Y quiso hacerlo de la manera que mejor él sabía: con fotografías. Siempre con la cámara a mano, preparada para disparar, retrató diferentes momentos de la enfermedad. Momentos complicados, de sufrimiento, pero también de alegría y esperanza. Desafortunadamente para ellos, la enfermedad, a pesar de los devastadores tratamientos médicos, avanzó inexorable en el cuerpo de Jen y acabó con su vida cuatro años más tarde.

Mis fotografías muestran la vida cotidiana. Ellas humanizan el rostro de cáncer, en la cara de mi esposa. Muestran el reto, la dificultad, el miedo, la tristeza y la soledad que enfrentamos, que Jennifer se enfrentó, mientras luchaba con esta enfermedad. Pero lo más importante de todo, mostrar nuestro amor. Estas fotografías no nos definen, sino que somos nosotros.” Dice Angelo… 

Sin duda una historia de amor verdadero. Cumpliendo tal y como ambos lo prometieron al casarse, queriéndose y amándose en la salud o en la enfermedad. Ahí estuvo Angelo, para acompañar a su querida esposa.

La primera vez que vi a Jennifer sabía. Yo sabía que ella era la elegida. Yo sabía, al igual que mi papá cuando contó a sus hermanas en el invierno de 1951 después de conocer a mi mamá por primera vez, “la encontré.” 

Un mes más tarde Jen consiguió un trabajo en Manhattan y dejó Cleveland. Yo iría a la ciudad – a ver a mi hermano, pero realmente quería ver Jen. En cada visita mi corazón le gritaba a mi cerebro “, le digo!” Pero no podía reunir el valor para decirle a Jen que no podía vivir sin ella. Mi corazón finalmente se impuso y, como un chico de escuela, le dije a Jen “Estoy enamorado de ti.” Para el alivio de los latidos de mi corazón, los ojos hermosos de Jen se iluminaron y dijo: “¡Yo también!” 

Seis meses más tarde, recogí mis pertenencias y viajé a Nueva York con un anillo de compromiso quemando un agujero en el bolsillo. Esa noche, en el restaurante italiano favorito, me puse de rodillas y le pedí a Jen que se casara conmigo. Menos de un año más tarde nos casamos en Central Park, rodeados de nuestros familiares y amigos. Más tarde esa noche, bailamos nuestro primer baile como marido y mujer, acompañado por mi padre y su acordeón – ”Estoy en el estado de ánimo para el amor … “ 

Cinco meses más tarde Jen fue diagnosticada con cáncer de mama. Recuerdo el momento exacto… La voz de Jen y la sensación de entumecimiento que me envolvía. Ese sentimiento nunca se ha ido. Nunca voy a olvidar cómo nos miramos a los ojos, el uno sostuvo las manos del otro. “Estamos juntos, vamos a estar bien.” 

Con cada desafío que se acercaba. Las palabras se volvían menos importantes. Una noche Jen acababa de ser admitida en el hospital, el dolor estaba fuera de control. Ella me agarró del brazo, con los ojos llorosos: “Hay que mirarnos a los ojos, esa es la única manera que puedo manejar este dolor.” Nos amábamos con cada pedacito de nuestras almas. 

Jen me enseñó a amar, a escuchar, a dar y creer en los demás y para mí. Nunca he sido tan feliz como lo fui durante este tiempo. 

A lo largo de nuestra batalla, tuvimos la suerte de tener un fuerte grupo de apoyo, pero aún luchaba por conseguir que la gente entienda nuestro día a día la vida y las dificultades que enfrentamos. Jen tenía un dolor crónico de los efectos secundarios de casi 4 años de tratamiento y medicamentos. A los 39 años Jen comenzó a usar un caminador y estaba agotada de estar constantemente al tanto de todos los golpes y moretones. Estancias hospitalarias de más de 10 días no era raras. La frecuentes visitas al médico eran debido a batallas con las compañías de seguros. El miedo, la ansiedad y las preocupaciones eran constantes.

Ahora, después de esta vivencia, Angelo ha dedicado una parte muy importante de su vida a dar a conocer su caso, a proporcionar una esperanza que pueda ayudar a toda la gente en una situación similar. Sus fotos, las absolutamente desgarradoras fotografías de esta enfermedad, con sus altos y bajos, muestran de una manera absolutamente maravillosa lo que con amor y esperanza puede llegarse a alcanzar. El final es triste y desolador, pero el mensaje es de una belleza desbordante.


Ever after

TED

Jen Merendino

jueves, 30 de octubre de 2014

Documental: UTOPÍA EN EL HORIZONTE.

En mayo de 2011, centenares de miles de griegos irrumpieron en la Plaza Sintagma en Atenas para protestar contra la liquidación de su país, de sus derechos laborales y de sus medios de subsistencia a las corruptas élites nacionales y los intereses financieros en el extranjero.

En cuestión de días, un campamento de protesta fue creado – organizado bajo los principios de democracia directa, autogestión y ayuda mutua – proporcionando una vislumbre de utopía en medio de una devastadora crisis financiera, política y social. El 28-29 de Junio, durante una votación parlamentaria sobre nuevas medidas de austeridad, el estado finalmente respondió con fuerza brutal, eventualmente desalojando a los manifestantes de la plaza y aplastando el potencial radical de su experimento social.

Un año más tarde, Leonidas Oikonomakis y Jérôme Roos – investigadores en el Instituto Universitario Europeo y coautores del blog activista ROARMAG.org – regresaron a Atenas para hablar con activistas involucrados en el movimiento y la ocupación de la Plaza Sintagma, así como el héroe de la resistencia en la Segunda Guerra Mundial, Manolis Glezos. Lo que sigue es este retrato dramático de un país al borde del colapso; y de las personas que decidieron luchar para construir un mundo nuevo sobre viejas ruinas.

[Utopía en el Horizonte]


"La utopía está en el horizonte. Camino dos pasos, ella se aleja dos pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. ¿Entonces para que sirve la utopía? Para eso, sirve para caminar."  - EDUARDO GALEANO -

miércoles, 15 de octubre de 2014

Documental: EL CINE LIBERTARIO.

Al estallar la Guerra Civil española en julio de 1936, el sindicato anarquista CNT socializó la industria del cine en España. En Madrid y Barcelona los trabajadores del cine asumieron, a través del sindicato, los bienes de producción y se produjeron numerosas películas. Esto dio lugar a un período único que no se ha vuelto a producir en ninguna otra cinematografía mundial. Pese a que el país estaba sumido en una cruenta guerra, entre 1936 y 1938 se rodaron y estrenaron películas de muy variada temática: dramas sociales, comedias musicales, filmes de denuncia y documentales bélicos. 

Todas ellas componen un variado mosaico que da lugar a uno de los momentos más insólitos y originales de la cinematografía española. A través de la opinión de distintos expertos, así como del testimonio del director de fotografía y restaurador español, Juan Mariné, el documental recorre cada una de las producciones que constituyen un legado excepcional de la cinematografía española. Fue un periodo muy efímero durante el cual los guionistas, los directores, los técnicos y los actores españoles demostraron una de las máximas del mundo del espectáculo: pese a los bombardeos, el hambre y el drama de la guerra, el espectáculo debía continuar, y continuó.

[El cine libertario]